En el fallecimiento del pintor y ceramista Alfonso Magüesín

Tras el reciente fallecimiento el pasado 3 de abril de 2020 de nuestro querido y antiguo vecino, don Alfonso Magüesín, recordamos hoy su afectuosa relación con nuestro barrio del Cerro del Águila así como sus obras de arte sacro para diversas hermandades de Sevilla, muchas de las cuales salieron de su taller sito en la calle Afán de Ribera.

Alfonso Magüesín de la Rosa nació en Sevilla, el 25 de septiembre de 1961, estando su residencia familiar en la céntrica calle Abades del barrio de Santa Cruz. Tras cursar sus estudios de EGB y Bachillerato tuvo ocasión de profundizar en las inquietudes artísticas que sentía desde pequeño iniciándose en 1985 en la decoración de vasijas con el alfarero Joaquín García Colón, de la familia propietaria de Cerámica Santa Ana. Ya en septiembre de 1986 se independizó abriendo su propio taller en El Cerro del Águila, en el número 95 de la calle Afán de Ribera, profundizando desde él en los secretos de la cerámica y aportando también desde allí su contribución artística a la vida del barrio, pintando los carteles de la Velá de Nuestra Señora de los Dolores de 1988 (reeditado en 2018 con motivo de su trigésimo aniversario) y 1989 e impartiendo clases de modelado, pintura y cerámica para sus vecinos.

Cofrade desde su niñez, en la que fue hermano de La Candelaria, posteriormente fue también hermano y costalero durante algunos años de la Santísima Virgen de la Amargura. Su primer trabajo para una cofradía sevillana surgió en 1989, ejecutando el retablo de Nuestro Padre Jesús de la Victoria dentro de los actos del L Aniversario fundacional de la Hermandad. Posteriormente realizó otros muchos, destacando entre ellos el de Santa María de Consolación que la Hermandad de Nervión colocó en su casa de Hermandad. Precisamente para esta cofradía hizo sus trabajos más destacados para la Semana Santa de Sevilla, pintando a esmalte veinte de las cartelas del paso del Santísimo Cristo de la Sed, alusivas a escenas bíblicas donde el agua es la principal protagonista. Para esta misma corporación pintó también a la Inmaculada Concepción para el óvalo central de su banderín concepcionista.

Entre sus ceramistas más admirados se encontraron Antonio Kiernam, Antonio Morilla y Enrique Orce. En su cerámica no utilizó la cuerda seca, solo al vidrio y aguarrás, introduciendo la técnica de la aerografía para complementar la decoración de sus trabajos. Realizó igualmente trabajos de decoración de las portadas para destacadas casetas de la Feria de Sevilla así como fuentes de cerámica con motivos inspirados en el parque nacional de Doñana. En 1994 trasladó su taller a la calle Hombre de Piedra, en el barrio de San Lorenzo, compaginándolo con la enseñanza decidiendo al final de la década de los noventa iniciar nuevos caminos profesionales y abandonando su actividad como ceramista. Descanse en paz.